Dificultades para memorizar y ubicarse espacialmente, además de incapacidad para hallar soluciones distintas a un problema, son algunos de los efectos detectados en varios estudios. En algunos casos, se ha observado hasta un 10% de pérdida de neuronas.
Según estudios del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (Conace), en Chile el inicio del consumo de alcohol en ambos sexos comienza entre los 12 y 18 años y es justamente en este grupo donde se ha producido un aumento mayor de la ingesta en los últimos años.
Investigaciones recientes sugieren que el consumo excesivo de alcohol en este etapa es un tema serio no sólo por los riesgos asociados al estado de intemperancia, sino también por sus secuelas a largo plazo. Entre éstas, una de las más graves parece ser el deterioro de la capacidad mental, lo que se traduce en una disminución de la memoria y del aprendizaje y la dificultad para realizar tareas tan habituales como interpretar un mapa o hacer cálculos mentales.
Aunque la cantidad de alcohol necesaria para provocar estos problemas varía entre un joven y otro, se entiende como un consumo excesivo aquel que, en el caso de los hombres, causa una borrachera al menos una vez por semana, para lo cual se requiere tomar cinco o más porciones de alcohol en unas pocas horas. En cuanto a las mujeres, el exceso está dado por cuatro tragos seguidos al menos una vez cada dos semanas.
Según De Bellis y Predergast, el deterioro cerebral ocurriría principalmente en el período de resaca.
Por otra parte, sicólogos de la Universidad de California en San Diego, que durante ocho años han estudiado adolescentes que abusan del alcohol, han visto que en test cognitivos y de aprendizaje éstos tienen un desempeño más pobre que quienes eran bebedores normales. "Algunos de los problemas radican en su habilidad espacial (por ejemplo, al usar un mapa), en la capacidad de hacer cálculos mentales y en la flexibilidad cognitiva que se requiere para buscar nuevas formas de hacer algo", señala Susan Tapert, sicóloga que ha participado en la investigación. Por ello, Sandra Brown, del mismo equipo, ha señalado que "en el pasado consideramo al alcohol como una droga más benigna. Sin embargo, estos estudios claramente demuestran que la droga más popular es también una droga increíblemente peligrosa"

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